desciendo al infierno a rollear con vos porque no hago otra cosa que escuchar tu voz.
esa voz de garganta mugrienta que en vez de apurarme, me alenta.

Todos queremos a la abuela

Todos queremos a la abuela Pocha. 
Sus cinco nietos, sus cuatro hermanos, sus dos hijas.
Pero no termina ahí, Carlitos, el almacenero; Doña Chocha, la típica señora que se sienta a ver la vida pasar mientras se toma el té; "Gallina", el viejo panadero que asegura no ser de River Plate; Vicky, la quiosquera; Lucas, el muchacho que aparece siempre que hay un cumpleaños lo inviten o no.
Toda persona que viva en Lanús Oeste conoce a Pocha, la abuela Pocha.


La abuela Pocha patea calefones,
Es la señora que le pega la patada al balde,
la que amasa los fideos,
la que hace las tortas,
la que "te tira del cuerito"
es la abuela.


También, la abuela Pocha, es coqueta
supo ser cosmetóloga y salir arreglada hasta la esquina (manía que conserva aún hoy a sus ochenta redondos años)
supo aparecer en cortos del colegio de una de sus nietas
supo retar a sus hijas por ser desarregladas, por usar siempre pantalones.


La abuela Pocha usa una vincha negra,
los rulos rubios cortos que la vincha mantiene en su lugar
los ojos celestes que muchas, ahora señoras, habrán envidiado.


Putea al verdulero,
habla de Chiche Gelblung con el carnicero,
se queja de la inflación,
ve el exterior desde la tele,
es un personaje.


Usa cremas, toma té, come sin sal,
tiene artrosis y mil y una enfermedades más,
le duele todo,
es peronista (de Perón!)
come jamón,
llama por teléfono a alguien dos veces por hora,
te reta por usar jeans rotos,
se ríe de la receta que hizo Narda Lepes hoy.